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27/07/2016

Una despedida (muy poco) anunciada... 

 

...y pasó de nuevo. Pareciera que no hubiera pasado ni un solo día. Pareciera que nada se hubiera intentado, o que todo lo que se intentó hubiera sido en vano. Me sentí comprometido a volver a estar ahí, a volver a tener mi cámara a la mano, y en volver a escribir este artículo, porque honestamente creo que todas las personas que se entregaron para ayudar hace un año a estas niñas, se merecían saber como es que se fueron esta vez.

Antes que nada, es importante entrar en contexto. Si no lo recuerdan, pueden leer mi artículo del año pasado para que recuerden detalles nada agradables de como se llevaron a estas niñas.

Así mismo, después de un increíble esfuerzo y de el apoyo de muchas personas, las niñas volvieron a casa hogar, y también escribí un artículo al respecto

Entonces, continuemos. El tiempo voló, literalmente se nos fue entre las manos. Fue un año (poco más) en el que estas niñas siguieron su vida en casa hogar, en el mismo ritmo, conociendo más del mundo, yendo a la escuela (la pequeña Teté se nos graduó del kinder hace apenas un par de semanas). Quizás nos descuidamos... quizás pensamos que era definitivo que seguirían con nosotros, pero la realidad fue otra. 

Las cosas se combinaron, hubo cambios grandes en la administración de la casa hogar, nuestra abogada estaba fuera de la ciudad... y en fin, varias cosas que nos impidieron reaccionar de la misma manera. Pero bueno, al grano.

Recibí personalmente la noticia a solo un día de que anunciaron que irían por las niñas, igual que la misma casa hogar. El anuncio estaba hecho, y por más que buscamos en ese pequeño lapso de tiempo, no pudimos conseguir nada que nos permitiera argumentar a favor de estas niñas. No había vuelta atrás, y la noticia se les dio a las 4 hermanitas. Su otra hermanita, Marili, ya había sido llevada al cabañas, por petición de ella misma, que no era la situación de las otras 4.

A pesar de que ya sabían que llegarían por ellas, llevaban su día de forma normal

Fue una mañana un poco extraña, el desayuno parecía en un ambiente intacto en el que las niñas platicaban y comían. A mi me interesaba terminar pronto para poder platicar con ellas. Mariela, la más grande, me expresó que no se quería ir de nuevo. Me lamenté mucho de que ellas tuvieran que pasar de nuevo por un momento tan fuerte otra vez.

El tiempo transcurría, y a ninguna se le veía en el patio. Seguro estaban arreglando sus cosas, seguro estaban en las difíciles despedidas con las otras niñas... mientras la hora se acercaba, las niñas lo sentían más, y aprovechaban para abrazarlas o desearles lo mejor una vez más...

 

Las más grandes comenzaban a resentir lo que estaba por llegar

 

Y entonces, sonó el timbre. "llegaron". Una mujer entró a la casa hogar a solicitar los papeles, y fueron de los momentos en que ellas empezaron a notar lo que pasaría. Mariela seguía sin aparecer, mientras Lucía me expresaba que ella no quería irse. 

 

Las tres hermanitas momentos antes de irse.

Hasta ese momento todo estaba tranquilo, Malena, bienhechora de la casa, platicaba con esta persona... yo no quería oir... lo poco que pude escuchar es que "la prioridad para ellos es reintegrarlas a su familia..." sin comentarios, ante la situación, más bien me enfoqué en destacarles a las niñas las oportunidades que venían para ellas, como la reintegración a su familia, el reencuentro con Marilí y su hermano... cosas que desde luego que desconozco si serán realmente posible (esta persona dijo que a eso iban), pero no quería que se fueran envueltas en llanto, o sentirse arrebatadas nuevamente... y entonces apareció Mariela. 

Esa Mariela que tanto y tan poco conocimos, en un mar de lágrimas... compartí algunas palabras con ella, traté de explicarle muchas cosas, que seguro para ella no sonaban tanto al saber que se iba... me sentí muy diferente porque la vez anterior las defendimos a capa y espada, y esta vez, hasta desarmados estábamos...

América, la más pequeña, convenciendo a Mariela de que fuera a conocer a la persona que las llevaría...

 

Mariela... esta foto habla por si sola.

Y llegó el momento de partir.

 

Lucía, y esa expresión tan única.

 

Hora de irnos...

 

Hasta pronto Teté...

 

En la camioneta...

 

Las niñas en un último abrazo, tratando de consolar a Mariela.

 

 

Y en un momento de esos que dura una fracción de segundos, mientras Mariela se "apresuraba" a subir a la camioneta del DIF, se acercó rápidamente con la directora de la casa hogar, para hacerle un último regalo... un pequeño caracol de mar, en un gesto tan pequeño y tan grande, como diciendo "gracias por todo, gracias por haber sido mi amiga en tan poco tiempo".

...las niñas cerraron sus puertas, el motor se encendía y la ventana de Mariela bajaba, para dar lugar a la imagen que está al inicio de este mismo artículo, para que en cuestión de segundos la camioneta arrancara y se alejara a la misma velocidad que cada una de las lágrimas de nuestros ojos...

Y después, la obvia confusión de las niñas, el coraje de muchas de ellas, como con Celsi, quien se veía contrariada, sin ganas de ir a su clase de música. Le hice un par de alcaraciones respecto a este tema, para después preguntarle, mientras sus lágrimas brotaban, me dijo que estaba triste, pero que estaba enojada. Y como ella, muchos más. 

Ya no están estas niñas, pero la pregunta persiste, ¿las verán como vidas humanas? Una vez más, con todo un año para hacerlo, estas niñas no fueron preparadas para este enorme cambio. Su argumento? al parecer, que no podían estar yendo a prepararlas. Y de un momento a otro, a partir de una 'orden' de quien sabe donde,  todo lo que estas niñas tenían en esta casa hogar se quedó atrás, si a mi como adulto eso me aterra, ¿qué hay de estas niñas?

Y bien, más allá de escribir todas estas cosas, imaginé que las personas que las conocieron, o que estuvieron al tanto del caso, querrían saber como fue ese día. Esperemos que el futuro de estas pequeñas se aclare, como supuestamente va a ser ahí, y no que terminen pasando más años pasando sufrimientos como estos.

 



Publicado en Casa Hogar por gotenkun






13/08/2015

¿Cómo vuelven una niñas a casa hogar? 

 

Momento en que las niñas corren para saludar al volver a casa hogar.

...y la fortuna, estuvo de nuestro lado. Después de dos semanas de pesadilla literalmente, las 5 niñas de las que hablé en una publicación anterior, volvieron el día de ayer a casa hogar. Y de qué forma lo hicieron... con cuanta energía, con la emoción desbordada por todos los que pudimos presenciarlo. El día anterior, recibíamos la llamada anunciando que las niñas serían llevadas de regreso.

De manera similar a aquel terrible día, quedamos de vernos temprano para recibirlas. Al llegar, más que un comité de bienvenida formado por todas las niñas de casa hogar, las encargadas y bienhechores esperábamos honestamente con cierto temor de que hubiera un truco y que no fuera una noticia verdadera. El ambiente era inmejorable, las niñas preparaban un canto, inflaban globos, pegaban letreros y fotos para dar la bienvenida a estas nenas... y muy dentro de nuestros pensamientos, lo que más nos aterraba en caso de que si llegaran era la cuestión de "cómo venían"... hablando particularmente de sus sentimientos, sus pensamientos, sus opiniones respecto a esta que fue su casa durante más de un año.

Junto a nosotros, una vez más, el ángel de la guarda de cientos de niños: Maritza, preparada, puntual. Esperando pacientemente al momento de escuchar el timbre (que fue por ahí de las 11 de la mañana) para salir y recibir a las niñas directamente en la puerta y verificar que todo estaba en orden. Tuvimos que esperar alrededor de dos horas, momentos de tiempo en los que cada que sonaba el timbre, todos volteábamos de inmediato a la puerta escuchando la misma pregunta en cada una de las niñas de la casa hogar: "¿ya llegaron las niñas?"... pero la espera se alargaba más y más, incrementando la emoción y las dudas.

Sin embargo, al concluir esas dos horas, se cumplió un deseo... se acabaron las pesadillas, ocurrió el milagro: las 5 niñas estaban de vuelta... de regreso a casa. Más tardaron Maritza y la hna. Leyla en ir a abrir la puerta, que las niñas en correr tan rápido como les fue posible a saludarnos... generando un momento "de película", un momento único, en el que los abrazos y las lágrimas no faltaron... 

Cada una de ellas expresó sus emociones a su muy propio estilo: 

Las dos pequeñas corrieron y saludaron, y de inmediato (usando aún esa velocidad con la que entraron) se dirigieron a ver su cuarto, a correr en el patio, literalmente a  sentirse en casa

 

Lucía saludaba, abrazaba a todo mundo, se reía, disfrutaba estar de vuelta. América volteaba y veía que realmente todos estábamos esperándola, y pasaba de unos brazos a otros, mientras su rostro dibujaba esa expresión que muchos pensábamos que no volveríamos presenciar en un muy buen tiempo

 

Y por supuesto, lo que habíamos anticipado y que nos dejó heridos cuando se las llevaron: Mariela liberaba esa presión, ese dolor y todos los pensamientos y sentimientos con los que tuvo que lidiar a lo largo de dos semanas... en cuanto se acercó, estaba hecha un mar de lágrimas. Minutos después, Marili siguió... y es que efectivamente ellas tuvieron que soportar de distintas formas ese traslado tan irregular que tuvieron.

 

 

 

En esa emotiva bienvenida, con todo tan aprisa, rodeadas de cantos, fotos, y palabras de cada uno de nosotros, ellas expresaban con cuenta-gotas las cosas que habían vivido. Mariela, al momento de llegar y saludarme, expresó: "Me hacías mucha falta". Un pequeño desayuno, en el que todas las nenas querían estar con estas 5 hermanitas, y en el que las preguntas volaban al aire: "¿te trataban bien?" "¿cómo era la casa?" "¿veían a su hermanito?"

Posteriormente, una misa dedicada a estas niñas en la capilla, donde los presentes dedicábamos una oración para agradecer que todo lo necesario se dió para que volvieran... era un día de fiesta, era inminente dar gracias ante un evento tan particular.

... pero, ¿cuales fueron los factores decisivos? la preparación, la anticipación... el interés por el bienestar de estas niñas, y la voluntad de muchísimas personas juntas que desde el primer momento atestiguaron y apoyaron esta causa... estamos muy agradecidos con todos... la preparación tiene lugar desde la preparación del amparo, el cual después de todo si tuvo efecto, siendo un factor crítico para este momento. Coincidió también con la nueva y controversial ley de albergues del estado; la cual en uno de sus capítulos prohibe el traslado de menores entre albergues; por supuesto que también ayudó mucho la queja en Derechos Humanos, que hasta donde sabemos han seguido muy de cerca todo este caso y le están dando seguimiento... y de lo más importante, esa voluntad de tanta gente por querer justicia para estas niñas. Muchas de todas las personas que apoyaron, conocen a las niñas directamente y conocen a la casa hogar, (algunos hasta presenciaron el hecho aquel día) todas estas personas fueron invaluables para apoyar y dar ánimo, además de que levantaron su voz en favor de estas pequeñas.

Lo que yo considero definitivo es que esto aún no termina, considero que esta es solo una primer etapa, que es muy positiva ya que de una u otra manera, las niñas regresaron a su casa,

Y en palabras de ellas, confirmamos este hecho: antes de que llegaran a casa hogar, personal de cabañas les expresó:

"Ustedes vienen aquí solo de vacaciones, después regresarán".

Razón por la que ahora más que nunca debemos prepararnos para lo que sigue, igualmente las niñas; quienes aclaraban al respecto: "si vuelven a venir, yo me escondo."

El día continuó rodeado de fiesta, y cada minuto que pasaba, se veía como ellas iban liberando un poco todo eso que traían, más gente iba y las visitaba después de tan tremenda noticia, y más nos enterábamos nosotros de la forma en que ellas trataban de sobrellevar cada momento, envueltas en sentimientos, ideas, y teorías de lo que podía haber pasado mientras a ellas las ingresaban y a nosotros nos impedían verlas.

 

 

Y aquí dejo esta foto de arriba, mientras el festejo seguía por la noche, en el que esas expresiones unidas a esa tranquilidad reflejan lo que yo habría esperado ver en aquella foto que pedí en cabañas cuando las ingresaron... 

Es momento de festejo, pero también de preparación. Sin embargo vuelvo a mencionar que estamos muy agradecidos por los esfuerzos y profesionalismo que tuvieron encuentro para conseguir este que es un logro en los intereses, al menos, de estas 5 pequeñas.



Publicado en Casa Hogar por gotenkun






30/07/2015

¿Cómo salen unas niñas de casa hogar? 

29 de julio del 2015, una mañana gris… quizás anticipando la terrible historia que esperaba. Este día, estaría toda la mañana en casa hogar. Nunca solo, porque estaban las niñas, pero particularmente acompañado por Maritza, abogada y amiga que nos ha ayudado de muchas maneras en muchas ocasiones para proteger a los niños de casa hogar. Tristemente debíamos estar ahí porque personal de casa hogar cabañas iría esa mañana a recoger a Mariela, Marili, Lucia, Esther y América para cambiarlas.

Hagamos una pausa para analizar un poco. Las niñas que tenían poco más de un año en casa hogar, y que venían de una lamentable situación familiar, encontraron un refugio, un techo, pero más que nada, una familia… una oportunidad para vivir mejor, para aprender a leer (incluso Mariela de 13 años) e ir a la escuela, para desarrollarse y esperar que su situación jurídica se resolviera… tal y como pasa con muchas niñas, algunas quienes esperan toda su niñez y adolescencia sin que no se resuelva tal situación… Poco a poco, fueron ganando confianza, abriéndose, expresándose… viviendo de otra manera su vida, conociendo cosas que jamás habían tenido en casa, con una inmensa necesidad de cariño, y un deseo aún más grande de dar ese cariño que tenían guardado.

Marili, Mariela y Lucía en la parte de atrás, adelante América y Esther, días después de haber ingresado a casa hogar María Teresa

Su hermanito estaba en casa hogar cabañas durante todo ese año, y no fue hasta hace algunos meses que llegó el aviso de que serían llevadas a dicha casa hogar. Poca intervención hubo del personal de esa institución para efectuar una preparación o realmente investigar cómo estaban las niñas, o para averiguar como se encontraban realmente en sus emociones, en su salud. Durante todo ese año se vivieron muchas historias de todo tipo con estas niñas, historias bonitas, tristes, emocionantes y más… mientras que el tiempo pasaba y ellas se adecuaban más y más a la casa hogar. Entonces (después de más de 8 meses) se les evaluó por parte del personal de cabañas, en dicha evaluación, tendenciosa a mi parecer, se les hizo ver cosas como que casa hogar cabañas tenía albercas y que tendrían el mismo uniforme… honestamente no me parecen argumentos adecuados (claro que a las más pequeñas les llamó la atención), y desde luego el argumento más “pesado”: podrían ver a su hermano. A partir de ahí surgieron muchas versiones y contradicciones de las niñas para tomar la decisión de irse o quedarse; al menos en las más pequeñas: Mariela y Marili, las más grandes, desde un inicio se mostraban seguras de que NO querían irse.

Sin embargo a partir de ese acercamiento, la vida de Mariela se convirtió en un martirio. Preocupada por si se iba o no, con el miedo de irse de un lugar que claramente ella disfrutaba; sumado al miedo de ser separada de sus hermanas (que es de lo más valioso que tiene en esta vida), ella se envolvía en llanto todos y cada uno de los días. De hecho fue su bautizo (si, a los 13 años) en una gran fiesta, en un hermoso momento, rodeada de quienes más las queremos… y su rostro lucía desencajado… perdida. Al llegar a casa, ella sufría, sentada en la fuente central de la casa hogar en compañía de su madrina, llorando debido a que no se quería ir. Tanto las encargadas de la casa hogar María Teresa, como su servidor, platicamos con ella, e intentamos hacerle ver que no estaría sola, que no la dejaríamos y que ella podía elegir…

Mariela, con su madrina de bautizo, en ese preciso día, al borde del llanto al saber que la querían cambiar de casa hogar.

Lucía parecía más convencida de volver. A ella siempre le movió mucho el hecho de estar con su hermano, lo extrañaba. Y es completamente válido, Esther y América se deleitaban al pensar en una alberca en su casa. Marilí veía otras cosas, ella sabía lo que perdería si se cambiaba, ella valoraba lo que tenía en este lugar y lo apreciaba con su corazón.

El caso es que faltaban solo dos días para que se fueran. Ese día platiqué con Mariela para conocer sus miedos y sus dudas, y le reiteré que ella podía decir si quería o no, y que no la podían obligar a tomar una decisión que ella no quisiera, entre otras cosas. Ella nuevamente expresó claramente que no quería dejar la casa hogar; que si quería ver a su hermano pero sin tener que cambiarse de casa hogar, a lo que respondí que era algo muy válido y que se podían proponer algunas visitas calendarizadas. Yo pensé en ir el martes para pasar algún tiempo con ellas antes de que se fueran, pero cuando supe que se había tramitado un amparo para evitar que las niñas se fueran (que ellas mismas firmaron) y que Maritza estaría ahí para hablar con la gente de cabañas, decidí mejor ir el miércoles.

Temeroso por la vez que se llevaron a Fátima (que fue antes de las 9) salí temprano. Y en el transcurso de la mañana llego una persona de dicha casa hogar, solicitando la presencia de las niñas para llevárselas. Mantuve distancia, y las niñas fueron llamadas, para posteriormente ser cuestionadas acerca de si deseaban irse. Todas y cada una contestaron que no querían irse y que estaban bien ahí. De forma breve, las niñas se expresaron y esta persona abandonó la casa hogar. Las niñas estaban muy contentas, y no solo ellas, si no las demás de la casa hogar al saber que se quedaban. Maritza en su experiencia decidió esperarse un poco más, y yo me quedé a aprovechar y avanzar con mi trabajo. Y cual fue nuestra sorpresa que a las dos horas, sin timbre, sin tocar la puerta ni nada, entran 4 personas en un plan agresivo verbalmente a exigir que se entreguen a las niñas, cuestionando las razones por las que “no se las querían dar”… mientras que afuera de la casa hogar estaban tres o cuatro patrullas de la policía… yo me pregunto, ¿para qué? Para sacar a las niñas a la fuerza? Para someter a las religiosas? ¡es una casa hogar! ¡hay niñas! Las estábamos protegiendo y velando por sus intereses!!

Argumentamos que ellas ya habían expresado que no se querían ir, y quisieron validarlo por medio de su psicóloga. En otro discurso que no me pareció adecuado como para cuestionar a las niñas, estas personas comenzaban a investigar sus intereses, con cierta tendencia a enumerar las supuestas bondades de la otra casa. Mariela se mostraba muy nerviosa, con la vista perdida. Marilí igual, America se durmió y Esther de plano se salió a jugar. Al poco tiempo, al notar estas personas que no se llegaba a nada, comenzaron a presionar a las niñas preguntándoles si ya habían decidido. Mariela rompió en llanto… me pareció demasiado, y entré, me acerqué a ella y le expliqué que no debía tener miedo, que ella podía decir lo que fuera y que nosotros lo aceptaríamos, que lo único que queríamos era que estuvieran bien. Y entonces… la estrategia: “miren, si quieren las llevamos a que conozcan y las regresamos” Esa era una idea más aceptada por las niñas: verían a su hermano un ratito, conocerían un nuevo lugar y regresarían a casa. Lucía no tardó nada en decir que sí, que fueran y que las regresaran, igual Marili, le pareció buena idea. Sin embargo Mariela sabía… ella lo sabía.

La directora de la casa hogar, tratando de acompañar a las niñas en un momento de altísima presión.

Las otras niñas estaban listas para ir, y yo pensé en no dejarlas ir solas, por lo que me ofrecí para ir con ellas con el fin de regresarlas. “Si vamos, vamos todos para que se regresen” y más. Un recorrido en el que Marili se aferró al brazo de una de las encargadas, y en el que Mariela lloraba y lloraba con la mirada perdida, mientras expresaba sus dudas y sus miedos, terminó al llegar a casa hogar cabañas, mientras que Marili se quitaba su sueter diciendo: lo dejaré en la camioneta para que pueda regresar por el y así volver a casa. Les dije: ya llegamos niñas, aquí es. Mariela tomó un respiro y bajamos… fui a firmar la entrada a un cuaderno que tienen en la entrada, mientras a las niñas les invitaban a pasar… solo a ellas. “vengan niñas, vamos a pasar” Mariela replicó de inmediato que quería que fuéramos nosotros… les dijeron que allá no podíamos pasar… las dejaron sin opciones, Mariela se detuvo, las niñas avanzaron… le ofrecieron a Mariela esperarse ahí con nosotros, pero ella de inmediato intuyó que podría separarse de sus hermanas… y no corrió el riesgo… a nosotros nos bloquearon, nos dejaron un muro moral, que nosotros no estábamos dispuestos a sobrepasar, metiéndonos en su casa como ellos se metieron en la casa de las niñas… y se las llevaron… mientras Mariela regresaba la mirada.

Pasaron los minutos y entendimos… fuimos engañados, igual que las niñas. Se presentó una persona a decirnos “que las niñas se quedarían.” Sentí que el mundo se vino abajo. Que “la directora” (a quien jamás vimos) había dado la orden y que así iba a ser. Argumentamos tanto… dijimos tanto… cuestioné su criterio, su humanismo. Les dije que no estaban trabajando con cajas o piedras, que son niñas y que esas niñas tenían lazos afectivos e historia en esa casa hogar, y muchas cosas más tratando de hacerla entrar en conciencia. Pero cual conciencia? Estaba más que tranquila porque había “hecho su trabajo”. Y cual es su trabajo? Cumplir con un horario y con las órdenes de su jefe? No tienen capacidad de análisis?  No tienen empatía? Trabajan en una casa hogar! Agregó la señorita: “aquí tenemos sus papeles y sus abogados y psicólogos” no tardé en contestar: “Ah si? Y donde estaban todos ustedes en el año que estuvieron en casa hogar?”

Las madres no se guardaron sus opiniones, cuestionando hasta el cansancio el actuar de la institución y de su personal, de sus mentiras y sus artimañas, de sus manipulaciones para con las niñas.

Manteniendo la cordura hasta donde me fue posible, vi como pasaba la primer trabajadora que llegó a la casa hogar, a quien me acerqué sin titubear para cuestionarla: “¿qué pasa aquí? ¿Dónde están los seres humanos?” continué: “está bien, yo no importo aquí, nosotros no importamos, lo entiendo, pero ellas si importan, lo que sienten, lo que viven…” Incluso intenté solidarizarme: “entiendo que tienen un trabajo que hacer, solo déjeme despedirme de ellas, déjeme ver que están bien”….

“No podemos hacer eso porque ellas ya están bien y están contentas, y eso puede influenciarlas para mal” Es decir, ahora nosotros eramos los malos de la película. “Bueno”, insistí, “déjeme ver si entiendo, que no ve lo que ellas representan para ustedes y lo que representan para nosotros? Nosotros las amamos! Y ellas también nos aman. Las están arrancando de lo que han tenido durante un año. ¿qué no tiene sentimientos? Son niñas” Conseguí poco: “déjeme ver con la psicóloga”

Y eran patadas de ahogado. Otra espera de aproximadamente 10 minutos para que llegara la psicóloga, en un plan amable, a hablar, dirigiéndose a mi. No sé de donde saqué más cordura para tratar de hacerla entender, y de insistirle en que lo que habían hecho estaba terrible, que había sido completamente injusto e inadecuado para las niñas. Ella no estaba de acuerdo, y le señalé que ellas habían pasado hasta las oficinas para hablar con las niñas dentro de la casa hogar. Ella dijo que también nos dejaron pasar, un argumento que de inmediato rechacé señalando que ellas se habían llevado a las niñas sin nosotros, a un espacio donde nosotros no íbamos a estar como para cerciorarnos de que harían las cosas de manera correcta. La amabilidad de su parte estuvo a punto de romperse en el momento en el que una de las madres le señaló algo acerca de su conciencia y de Dios, a lo que la psicóloga arremetió de inmediato argumentando: “Mire señora, yo no creo en Dios”. Intervine para evitar que creciera más el asunto, honestamente yo ya sabía que todo estaba perdido. Le pedí que me dejara verlas, como fuera desde otro edificio, no sé, algo que me permitiera ver que ellas se encontraban realmente “contentas” como nos decía. “No creo que me lo permitan”. No me rendí: “Llévese mi cámara y tome una foto de ellas”. “No creo que me dejen meter su cámara por lo de las fotos”; interrumpí: “con su celular, y me la muestra, por favor, solo quiero ver que están bien”.

Una espera larga nuevamente, en la que estaba envuelto en llanto y desesperación, terminó cuando llegó de vuelta la psicóloga para mostrarme una foto de las niñas, “Más tranquilo?” me decía mientras intentaba ver la expresión de las niñas, quienes aparecían en un sillón rodeada de otras niñas (sin su hermano): Mariela con un rostro perdido, America dormida, Lucía apachurrada entre los otros niños, y Marili con una expresión un tanto seca. Y esa es la imagen que tengo, entre las palabras de que ellos verían lo de las visitas, y que podríamos seguir en contacto… 

Un regreso en silencio absoluto, solo roto por los sonidos de llanto que uno u otro teníamos, rodeó el viaje de regreso. Maritza nos ayudó a elaborar unas quejas que fuimos a llevar a Derechos Humanos, mientras en mi corazón estaba una desesperación tremenda al no haber podido hacer más por ellas… al sentir que les quedé a deber, que pude haber hecho más.

En las conclusiones de este día, mientras salíamos de Derechos Humanos, me comentaron que llevaban dos oficios, uno para llevárselas definitivamente y otro para decir que solo sería una visita… es decir, tenían varios planes… eso sumado a lo de la policía, a que se metieron y a la forma en que trataron y cuestionaron la labor de Maritza y de las encargadas, ni que decir de los engaños hacia las niñas y la mentira definitiva de que las llevarían de regreso… y por supuesto la forma en que se las llevaron para no regresarlas… una terrible experiencia, unas formas de miedo… si de por si ellas ya tenían una historia de miedo en su vida, ahora les hacen pasar por otra experiencia donde les arrancan lo poco o mucho que tenían y de esa manera…

Ahora solo puedo pensar en las niñas, particularmente en  Mariela y Marilí, quien enfrentando a sus miedos recurría a nosotros, y esperaba que actuáramos en ese último momento donde nos dejaron completamente desarmados…



Publicado en Casa Hogar por gotenkun






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